La autoestima del mentiroso

¿Es posible dejar de ser un mentiroso?
A través de un buen trabajo terapéutico, voluntad y constancia, se puede dejar de serlo, al menos, en mayor medida…

Mentir es un recurso fácil para hacerse valer sin tener que pasar por esfuerzos, ni sacrificios, aunque el precio que se corre es el riesgo de ser descubierto. Llevados por la inseguridad en nuestra capacidad de ser aceptados tal como somos, podemos caer en la tentación de adornar nuestras historias y nuestras habilidades de forma que causemos una impresión favorable en las demás personas. Como el cantante de versiones, que trata en cada ocasión de darle un matiz peculiar a una determinada canción, pero que no logra nunca superar a la versión original, el mentiroso se pierde en las innumerables versiones dadas a lo largo del tiempo de una competencia, de un atributo o de un hecho y suele vivir en el desasosiego de caer en un error, en una contradicción, en una mala pasada de la memoria. Cuando contamos un hecho cierto es fácil de recordar, transcribe básicamente el dictado de su memoria, y aunque en realidad lo que recordamos es una construcción elaborada en nuestra memoria, se fundamenta en un hecho vivido personalmente. La mentira, por el contrario, es una construcción con pies de barro.

No hablamos de que llevados por una cierta insatisfacción o inseguridad adornemos historias y habilidades, aunque en estos momentos corramos también el peligro de incoherencia ante las personas que hemos “presumido”; de lo que hablamos es de la mentira intencionada por la que tratamos de ser lo que no somos, de situarnos al nivel de las personas que envidiamos y de buscar, de alguna manera disminuirlas. De esas mentiras que reiteramos, que mejoramos, que perfeccionamos y que en este afán de perfeccionismo se descontrola la base de datos de las versiones dadas y se acaba sumido en las miserias de la baja autoestima. Y es que la baja autoestima es mitómana. La mitomanía es un trastorno psicológico de la personalidad, una pseudología fantástica que consiste en mentir de forma patológica, que a diferencia de la simulación de la que hablábamos al principio de este párrafo, la base etiológica del mentiroso con baja autoestima reside en la necesidad de sentirse importantes, de compensar los escasos recursos y habilidades de comunicación. El mitómano es un ser dramático con gran miedo al rechazo social que se encuentra con relativa facilidad: es aquel que, por ejemplo exagera y dramatiza contratiempos cotidianos o roces de poca importancia con compañeros de trabajo.

El trabajo y la política son probablemente los lugares donde encontramos más tramposos, muchos de ellos se la juegan al filo de la mitomanía, especialmente aquellos que viven en el oportunismo y en el canibalismo profesional. Acostumbran a vender humo. Pero mentirosos fantasiosos los encontramos en cualquier lugar y en cualquier situación de la vida, son esos que roban la atención sustituyendo los hechos por palabras con tal de no verse a sí mismos como una persona cualquiera; huye del desarraigo procurando parecer embelesadores y envidiables. Los hay con una gran capacidad de inventarse capaz de conseguir que hasta los más allegados se confundan y olviden de quién es en realidad. Blas Ramón Rodriguez  (Psicologo)

Más información:
Teresa Pérez Charles
Terapia Gestalt, Constelaciones Familiares, Psicoterapia de los Eneatipos

ESPAI INTERN serveis terapèutics
Casanova , 46, 4-2
08011 Barcelona
Tel. 931866825 – 605879059

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *