MALTRATO DOMÉSTICO

Si tu pareja, un familiar o la persona con la que convives habitualmente te amenaza, insulta, culpabiliza de todo lo malo que ocurre en casa, humilla, desautoriza en público, infravalora o desprecia tu aspecto y condición física, impide relacionarte con familiares o amistades, controla tu correspondencia y llamadas telefónicas, impide tu acceso al dinero y te obliga a rendir cuentas de todos tus gastos, destruye objetos con especial valor sentimental para ti, empuja, golpea, obliga a mantener relaciones sexuales, es que estás sufriendo malos tratos.

Lo que les sucede a muchas mujeres, desgraciadamente, en nuestro país y en el mundo, independientemente de su edad, situación social y económica, cultural o nacionalidad e independientemente del ámbito en el que convivan: domicilio conyugal, parental o institucional.

En el caso de los hombres, el  maltrato suele ser más psicológico y  no se diferencia mucho del que sufren las mujeres, lo que pasa es que es menos probable que un hombre lo saque a la luz, lo denuncie o pida ayuda por el hecho de que la sociedad tiene unos tabúes y una imagen del hombre en la que este debe ser fuerte y “superior” a la mujer (aunque no queramos reconocerlo seguimos teniendo muchos prejuicios) y a ellos tal vez les heriría más el orgullo reconocer una situación así. Además igual que se da con la mujer, el hombre maltratado teme perder a su pareja si denuncia, perder su amor o provocar más ira. Suelen ser amigos o familiares quienes impongan las denuncias.

El maltrato es una grave violación de los derechos humanos. Nadie tiene derecho a maltratarte y no hay ningún motivo que lo justifique. El único responsable del maltrato es quien lo ejerce, tú no tienes la culpa.

El maltrato es un proceso cíclico que se inicia con una fase de acumulación de tensión ( agresiones verbales y psíquicas), seguida de una fase de estallido de la violencia física ( golpes, gritos descontrol), y que culmina en una fase de falso arrepentimiento del agresor (“no volverá a ocurrir”, “todo cambiará”…).

Este ciclo se repite una y otra vez y cada vez es mas violento y más corto en el tiempo. No está  en tu mano cambiar su comportamiento, por muchas muestras de arrepentimiento, y ternura que se exprese y por muchos esfuerzos que tú hagas,  no cambiará.

Tú si puedes dar pasos para poner fin a esta situación.  No es un camino fácil, pero merece la pena. Con ayuda profesional puedes conseguir una mejor vida para ti.


Recuerda, si te sientes maltratada/o, es que no te quieren.

Los niños que sufren de maltratos físicos o emocionales suelen presentar problemas de comportamiento y desarrollo social. Los maltratos en su mayoría provienen de sus propios padres o de un cuidador y pueden presentarse como:

  • Maltrato físico: un niño que presenta heridas visibles como quemaduras, mordidas, moretones y fracturas o se siente atemorizado cuando un adulto se le acerca, podría ser víctima de maltrato físico.
  • Abuso sexual: las víctimas de abuso sexual son forzadas a tener relaciones sexuales o reciben caricias inapropiadas por parte de un adulto. El sentirse incómodos al cambiarse de ropa puede ser una señal de que están siendo abusados.
  • Abuso emocional: un niño que sufre de abuso emocional es a menudo expuesto a vergüenzas y humillaciones públicas o privadas. También podría presentar cambios en su conducta y actuar de forma violenta.
  • Abandono o negligencia: en casos de abandono el niño muestra signos de descuido en cuanto a higiene personal, vestimenta y problemas de salud debido a una mala alimentación.

El maltrato de un anciano puede ocurrir en un asilo o hasta en su propio hogar, y el agresor suele ser algún conocido o la persona encargada de cuidarlo. Existen varios tipos de maltrato que pueden tener un impacto negativo en la salud física y mental de la persona.

  • Maltrato físico: al igual que en el caso de maltrato físico en niños, los ancianos reciben golpes u otras señales de agresión y en ocasiones actúan intimidados o atemorizados.
  • Abuso sexual: los ancianos que son víctimas de abuso sexual podrían volverse personas retraídas.
  • Abuso emocional: en este caso la víctima sufre de humillación y trato irrespetuoso y muchas veces se siente inútil e inferior y puede sufrir de depresión.
  • Negligencia: un anciano muestra señales de abandono cuando el cuidador no se ocupa de ayudarlo con su higiene personal, alimentación, vestimenta y medicamentos.
  • Abuso financiero: los ancianos a menudo son blancos de fraude financiero. Esto suele suceder cuando alguien le roba el dinero de su jubilación o de su Seguro Social.

 

 

 

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