Síndrome de Wendy (La necesidad de complacer a los demás)

El Síndrome de Wendy, si bien no llega a ser un trastorno en toda regla, se puede delimitar como un conjunto de comportamientos que realiza una persona por miedo al rechazo, por la necesidad de sentirse aceptada y respaldada, y por el temor a que nadie le quiera. En pocas palabras, sienten una necesidad imperiosa de seguridad que los lleva a ser serviles con los demás.

Miedo al rechazo y pavor ante el abandono son las causas principales que llevan a las personas con síndrome de Wendy, y sobre todo a la propia pareja, más allá de los límites racionales. Estos comportamientos no solo se evidencian entre las parejas sino que también pueden observarse en los padres para con los hijos, entre los hermanos o en las relaciones de amistad.

La necesidad de agradar y de quedar “bien” sea como sea, nos hace pensar que así evitamos conflictos, y que además está bien visto. Ser servicial, estar disponible las 24h al día, ser buen amigo y complaciente, es mucho mejor que ser egoísta. Pero, ¿realmente evitamos conflictos y/o somos queridos siendo complacientes con todo el mundo? La respuesta es rotundamente NO.  Agradar al otro constantemente nos hace pagar un precio muy alto, olvidarnos de nuestras propias necesidades.  Intentar buscar aprobación de los demás insistentemente, no solo nos agota sino que nos va consumiendo por dentro.

Hay una frase muy conocida por un famoso director de cine  Whody Allen que decía: 
“No conozco la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es tratar de complacer a todo el mundo”

 

Los comportamientos más característicos de las personas con el Síndrome de Wendy son:
– Sentirse imprescindible.
– Comprender el amor como sacrificio y resignación.
– Evitar a toda costa que las personas a su alrededor se enfaden.
– Insistir en hacer las cosas en lugar de la otra persona.
– Pedir continuamente perdón por todo aquello que no ha hecho o no ha sabido hacer aún cuando la responsabilidad evidentemente, no es suya.
– Necesidad imperiosa de proteger a los que le rodean asumiendo una figura paternal o maternal.


Normalmente la necesidad de complacer viene por nuestras heridas infantiles, hemos aprendido que si hacemos cosas por el otro, nos van a querer.  Esto es una creencia errónea, porque no podemos gustar a todo el mundo. Cuando asumimos eso, todo es más fácil y más ligero.

La diferencia entre el cuidado, la protección y la atención, con el Síndrome de Wendy, radica en que la persona aquejada del síndrome está motivada verdaderamente por el miedo a ser abandonada.

Ser  nosotros mismos es el primer paso, para sentirnos queridos. Aceptarnos, darnos espacio para nuestras luces y sombras, perdonarnos nuestros errores. No ser tan duros con nosotros mismos. No dar más de lo que podemos, respetar nuestros espacios, nuestras necesidades y límites. Practicar un egoísmo sano dónde primero nos ponemos a nosotros mismos y luego a los demás. Este es el camino del autoconocimiento, de la aceptación que podemos hacer a través de terapia Gestalt, un proceso que implica un cambio en la visión del mundo y en la autoimagen pero no es una tarea imposible.

Teresa Pérez i Charles
Espai Intern Serveis Terapèutics

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *